Dentro del conjunto de productos petrolíferos, el gasóleo y el fuelóleo ocupan una posición singular. Ambos proceden de fracciones pesadas del crudo, presentan usos energéticos similares y, en determinados contextos, pueden incluso resultar intercambiables. Sin embargo, pequeñas diferencias fisicoquímicas, de comportamiento operativo y de tratamiento normativo determinan consecuencias relevantes tanto desde el punto de vista industrial como, especialmente, desde la óptica fiscal.
La delimitación entre gasóleo y fuelóleo no es siempre evidente. La proximidad de sus intervalos de destilación, la convergencia de ciertos usos, especialmente en calefacción y combustión industrial, y la evolución de los procesos de refino han generado históricamente zonas grises en su clasificación. Estas diferencias, aparentemente sutiles, adquieren una importancia decisiva cuando se traducen en regímenes tributarios claramente diferenciados.
El gasóleo[1]
De la destilación atmosférica del crudo se obtienen fracciones de aceites pesados. El gasóleo está compuesto principalmente por hidrocarburos alifáticos, procedentes básicamente de la segunda extracción atmosférica, con un intervalo de ebullición comprendido entre 190 °C y 310 °C, situándose parcialmente en el mismo rango que el fuelóleo. Está formado por moléculas que contienen entre 15 y 23 átomos de carbono.
Para obtener el gasóleo que finalmente se consume en los motores diésel, esta fracción se somete habitualmente a procesos de craqueo con hidrógeno o de craqueo catalítico, aunque también puede obtenerse por destilación directa, viscorreducción o coquificación. Los gasóleos más pesados de vacío pueden utilizarse igualmente como materias primas para la unidad de proceso de aceite lubricante.
Su empleo principal es el de combustible en motores diésel. Se utiliza en vehículos, barcos, calefacción, industria y en la generación de electricidad y calor. En función de su destino, se distinguen gasóleos de automoción, marinos, de calefacción, agrícolas o pesqueros, todos ellos sometidos a especificaciones técnicas propias que fijan valores para la densidad, el punto de inflamabilidad, el punto de congelación, el índice de cetano, la viscosidad, la volatilidad, el punto de obturación de filtros (POFF) y, especialmente, el contenido de azufre.
En España, la normativa distingue tres tipos de gasóleo: el gasóleo clase A de automoción, equivalente a la especificación europea EN 590; el gasóleo clase B para usos agrícolas y marítimos; y el gasóleo clase C destinado a calefacción. El contenido de azufre no puede superar, con carácter general, el 0,10% en masa, salvo excepciones como determinados cortes procedentes del craqueo catalítico, utilizados en calefacción y caracterizados por un mayor contenido en aromáticos, azufre y nitrógeno y por un bajo índice de cetano.
En el ámbito marítimo, se distinguen diversas calidades en función del tipo de motor y del contenido máximo de azufre permitido. El Real Decreto 61/2006 diferencia entre el combustible diésel para uso marítimo, correspondiente a la calidad DMB de la norma ISO 8217, y el gasóleo para uso marítimo, definido para las calidades DMX, DMA y DMZ. El gasóleo marino DMA o MGO debe estar libre de trazas de fuel, mientras que el diésel marino DMB puede contener restos residuales con elevados contenidos de azufre, generalmente debidos a la contaminación durante el proceso de distribución.
El fuelóleo
El fuelóleo es un aceite pesado residual, de aspecto pastoso o semifluido y color marrón a negro. Procede de una fracción de la destilación con punto de corte entre los 345 °C y los 560 °C, o bien del residuo de las operaciones y procesos de refino, como el visbreaking, o del propio petróleo bruto o de mezclas de estos.
Está formado por hidrocarburos líquidos con más de 20 átomos de carbono, hidrocarburos sólidos y gaseosos emulsionados en la fase líquida, agua emulsionada con sales metálicas disueltas, compuestos organometálicos o inorganometálicos y azufre.
Habitualmente, el fuelóleo se destina a la combustión en hornos industriales para la generación de calor, en motores para producir energía eléctrica o como combustible en motores marinos. Se trata esencialmente de residuos que, tras mezclarse con compuestos más ligeros, permiten cumplir las exigencias técnicas, especialmente en cuanto a viscosidad y contenido de azufre.
Existen distintas calidades en función del tipo de motor o quemador al que se destinan. Las normas ASTM recogen desde productos obtenidos por destilación directa hasta fueles residuales altamente viscosos, utilizados como combustibles de caldera en motores marinos y que suelen requerir calentamiento previo.
El Real Decreto 61/2006 fija en España las especificaciones técnicas de los fuelóleos, estableciendo valores obligatorios para parámetros como la viscosidad cinemática, el azufre, el vanadio, el punto de inflamación, el contenido de agua y sedimentos, las cenizas y el poder calorífico. El azufre y el vanadio son especialmente relevantes por su impacto en la corrosión y en las emisiones contaminantes.
Se distinguen fueles ligeros y pesados. El fuel ligero, también denominado fuel doméstico o fuel BIA, se destina a usos similares al gasóleo, como calefacción o quemadores, pero difiere de este por su comportamiento en frío, ya que sus especificaciones no varían según la estación. El fuel pesado se utiliza en la combustión industrial y en motores marinos de grandes buques, requiriendo calentamiento previo para alcanzar la fluidez adecuada. En este ámbito, la normativa internacional limita desde 2020 el contenido de azufre al 0,5%.
La diferencia entre el gasóleo y el fuelóleo
Desde el punto de vista de la Nomenclatura Combinada, los aceites pesados de la partida NC 2710 incluyen tanto los gasóleos como los fuelóleos. El gasóleo se define como aquel aceite pesado que destila en volumen, incluidas las pérdidas, al menos el 85% a 350 °C. Cuando no se alcanza este umbral, como ocurre con el fuelóleo y los lubricantes, es necesario recurrir a criterios distintos del comportamiento en destilación.
La Nota Complementaria 2 letra f) del capítulo 27 establece la relación entre la viscosidad y el color diluido como criterio para identificar el fuelóleo y diferenciarlo de los aceites lubricantes. Parámetros adicionales como el contenido de cenizas sulfatadas, el índice de saponificación o el punto de gota permiten resolver situaciones de incertidumbre clasificatoria.
Estas diferencias técnicas tienen consecuencias tributarias relevantes. El fuelóleo tributa en la tarifa primera del Impuesto sobre Hidrocarburos, mientras que los aceites lubricantes están exentos.
Algo similar sucede con el fuel ligero y el gasóleo de calefacción, ambos con especificaciones muy parecidas y aptos para usos idénticos (calefacción, quemadores, hornos, etcétera). El gasóleo se diferencia del fuel por el parámetro relativo al comportamiento en frío (POFF), que varía en función de la estación (verano e invierno), mientras que en el caso del fuel dicho parámetro es el mismo durante todo el año. El resto de las especificaciones, aunque las diferencias sean mínimas, no son idénticas: el fuel doméstico es más denso y viscoso, sus puntos inicial y final de destilación son algo más elevados y su índice de cetano es inferior, valores que, en conjunto, pueden dar lugar a confusión en su clasificación y tributación. Así, el combustible clasificado en el código NC 2710.19.51 del epígrafe 1.5 (fuelóleo), destinado a quemarse en una caldera de calefacción, soporta un tipo tributario de 17 euros por tonelada, mientras que si esa misma caldera utiliza gasóleo de calefacción clasificado en el código NC 2710.19.48, le resulta aplicable el epígrafe 1.4 con un tipo tributario de 78 euros por hectolitro, lo que supone una carga fiscal muy superior.
En definitiva, pequeñas diferencias en parámetros como la viscosidad, el comportamiento en frío o el perfil de destilación trazan una línea fina pero determinante entre gasóleo y fuelóleo, una línea que separa no solo dos productos energéticos, sino también dos realidades regulatorias y tributarias profundamente distintas.
[1] En el Informe FIDE “Los productos del ámbito objetivo del impuesto especial sobre hidrocarburos”, se detalla con mayor precisión la definición del gasóleo y el fuelóleo.
Eduardo Espejo Iglesias
FIDE Tax & Legal