Nos preguntamos por qué..

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...LA PRODUCCIÓN DE ELECTRICIDAD ES UNA DE LAS ACTIVIDADES ECONÓMICAS MÁS GRAVADAS FISCALMENTE?
En los últimos años hemos sido testigos de una evolución de la fiscalidad no solo a nivel nacional, sino comunitario, dirigida a obtener un aumento recaudatorio a través de la fiscalidad indirecta que grava el consumo (IVA e Impuestos Especiales). Pero además, se han introducido nuevas figuras impositivas bajo la apariencia de una finalidad extrafiscal, el medioambiente. Estos cambios impositivos no solo no han servido para desincentivar el ejercicio de actividades contaminantes, sino que han supuesto un grave perjuicio para empresas del sector de las renovables, que han visto como las reglas de juego en base a las que invirtieron y entraron en el mercado han cambiado drásticamente.
La baraja fiscal fue rota por el Estado cuyos vaivenes en la política fiscal han perjudicado gravemente a las empresas del sector eléctrico. Todo ello resulta en un sector sometido a una presión fiscal altísima, lo que constituye una importante barrera de entrada en un sector ya de por sí poco dado a aventuras de libre competencia.
En resumen, la producción y suministro de electricidad a título oneroso está sometida al Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) como cualquier otra actividad económica. El tipo aplicable es el tipo general de 21%, a pesar de que se podría estudiar la posibilidad de establecer un tipo reducido, de acuerdo con la Directiva del IVA.
No obstante, el IVA no es el único impuesto indirecto que grava la producción de electricidad. Por otro lado, el Impuesto Especial sobre la Electricidad, a pesar de que ya no está estructurado como un impuesto de fabricación, grava la puesta a consumo de energía eléctrica, actividad que en muchas ocasiones es realizada también por el productor. Además, recientemente se han introducido una serie de figuras impositivas de carácter medioambiental pero en aras de un afán recaudatorio, que son el IVPEE, Impuesto sobre el Valor de Producción de la Energía Eléctrica y la conocida como tasa de eficiencia energética. Todo ello sumado a las distintas tasas y obligaciones formales de la CNMC que hacen, desde el punto de vista fiscal, sumamente gravoso la producción de electricidad.